Antes de siquiera pensar en soluciones, es crucial tener una comprensión cristalina del problema que se busca resolver. dentificar, definir y fraccionar Este subproceso implica tres pasos esenciales: identificar la existencia de un problema u oportunidad, describirlo de manera clara y objetiva, y dividirlo en partes más pequeñas y manejables.
La capacidad de la solución para crecer y adaptarse a un aumento en la demanda o cambios futuros sin comprometer su rendimiento o eficiencia.
La habilidad de la solución para interactuar y funcionar de manera eficiente con otros sistemas o componentes existentes. Una buena integración evita silos de información y optimiza los flujos de trabajo.
La capacidad de la solución para adaptarse a diferentes requisitos, escenarios o cambios en el entorno sin necesidad de una reestructuración completa.
La característica de ser fácil de entender, usar y mantener. Una solución simple reduce la complejidad, los errores y los costos a largo plazo.